Los libros cuentan historias, hechas de frases, de palabras, de letras… En ese mundo, el de las letras —los tipos en el argot— es donde se siente como pez en el agua el entrevistado de hoy. Christian Granados es artista, diseñador gráfico e impresor. Se ve a la legua que ama su oficio y que está dispuesto a transmitir todo lo que sabe a quien quiera aprender. Esta semana, le ha abierto las puertas de GRAGRA, su precioso estudio —que os recomendamos visitar en cuanto tengáis oportunidad— a nuestros Oficios del libro. Esto es lo que nos ha contado.
Entrevista a Christian Granados
¿Cómo les explicarías a nuestros jóvenes lectores, que no han conocido ni las máquinas de escribir, en qué consiste tu profesión?
Me dedico a la impresión tipográfica o tipografía. En realidad es un proceso de impresión en relieve en el que se cuenta con caracteres individuales, que tú puedes ir colocando para formar palabras, y luego vas construyendo frases; de esa manera puedes crear textos.
Y antiguamente se hacían así los libros enteros, claro.
Todo, todo, todo, porque obviamente no había ordenadores. No había nada, y la única manera de que la información llegara a todas partes era crear los textos con tipos de plomo.
¿Consideras que la impresión es un oficio o un arte?
Fue un oficio… Y yo creo que sigue siéndolo. Me han tachado de romántico por dedicarme a esto. Yo no me consideraba así, pero luego dije: “Igual sí que tienen algo de razón”. Sin embargo, en esencia es un oficio. No solo hay que practicarlo, sino aprenderlo. No es una cosa sencilla, es muy técnica y requiere tener acceso a un taller y sobre todo que haya alguien que te pueda ir explicando los pasos a seguir. Hay mucha gente que hoy en día sí que consigue equipo. Consigue tipos y los van usando como pueden y hacen cosas… Pero sí que es cierto que tiene unas normas, unas pautas a seguir.

Aunque si visitas tu Instagram o este estudio, se ve que también hay una parte muy artística en sus paredes.
En el taller intentamos hacer colaboraciones con otros artistas, lo cual nos permite organizar una exposición en la galería. Otras veces el trabajo realizado acaba formando parte de otras exposiciones fuera de este espacio. El hecho de contar con un espacio expositivo nos da mucho juego.
Por otro lado, sí que pretendo que este taller esté ligado con la educación. Yo tuve la oportunidad de aprender el oficio durante la carrera, y de seguir haciéndolo trabajando en esto al acabar la carrera. Básicamente porque el taller estaba dentro de la universidad. Entonces, cuando yo me vine, lo que quería era crear ese puesto de trabajo, pero, claro, ya fuera del paraguas de la universidad.

¿Eso fue aquí en España?
No, esto fue en Londres, en el London College of Communication, que era el antiguo London College of Printing y que pertenece a la University of the Arts London. Y claro, cuando decido venirme, la idea es montar ese puesto de trabajo que yo tenía, pero por mi cuenta, porque aquí, en Valencia sí que hay universidad que tiene taller de tipografía, y en Barcelona hay un par que también tienen taller, pero claro, ninguna al nivel que yo conocía o del que yo venía.
Y bueno, fue un poco locura quizá pretender crear ese puesto de trabajo aquí por mi cuenta sin tener esa red de seguridad. Por eso, sí que me ha costado establecer contacto con universidades precisamente para conseguir que el taller esté siempre ligado a educación. Aparte de las exposiciones también organizamos talleres.
Yo pensaba que esto se estudiaba en la Escuela de Artes y Oficios aquí en España y resulta que también está dentro de la universidad.
Bueno, claro, es que digamos que, en España, los oficios nos los hemos cargado en general. Se siguen manteniendo algunas cosas, pero no, esto ya desapareció. Cuando apareció el offset fue la revolución y una cosa que siempre ha pasado en España es que no hemos sabido mantener ni los oficios ni las artes en general. Cada vez que venía algo que era novedoso —el progreso— había que tirar lo antiguo. Por eso, que haya sobrevivido esto ha sido complicado.

Ahora me gustaría pasar a hablar un poco de cómo es tu trabajo, cómo es tu día a día y hablar un poco luego de los proyectos. ¿Cómo es el trabajo de un impresor en un día a día?
Pues depende de en que ande metido en ese momento. Por lo general llego aquí, a veces reviso el e-mail lo primero o me pongo a imprimir si tengo ya algo a medias en la prensa. O directamente me pongo a diseñar y componer, depende de dónde me haya quedado el día anterior.
¿Y qué tipo de obras se imprimen aquí en una imprenta tan artesanal como esta?
Bueno, la idea es intentar que el taller esté ligado también a los artistas. Hacemos libros de artista, algo de obra gráfica, alguna combinación… De hecho, estoy ahora con un proyecto que ha impreso Juan Lara, de Ogami Press, de fotograbados, y el artista pasó por aquí después porque quería incorporar algunos elementos de tipografía.
Además, imprimimos posters, que también es una cosa que me gusta mucho hacer. Y luego, el tema de los talleres.
¿Y cómo es el proceso de creación de la obra? ¿Tú cuentas con la colaboración de otros autores? ¿Te dan unas pautas? ¿Haces tú el diseño?
Pues depende, sí que es cierto que hay veces que es una cosa más de colaboración con el artista. El artista viene y entre los dos se crea la composición o lo que se vaya a imprimir. Otras veces, me mandan la información y con esa información yo ya empiezo a hacer pruebas.
Como si fueran bocetos…
Simplemente pruebas en blanco y negro que hago en la sacapruebas. Luego, voy enviando como si fueran fotografías de un collage, y ya se van tomando decisiones sobre el diseño y las tipografías. Y luego ya, cuando se da el visto bueno, se hace la reproducción a los colores que sean necesarios.

¿Y usas programas o aplicaciones? ¿Algo moderno o es todo manual?
Bueno, obviamente el ordenador y la tecnología existen y se utilizan. A veces incluso es un poco una extensión. Lo ideal es diseñarlo antes en cualquier programa porque de esa manera ya se van tomando algunas decisiones que me permiten resolver más rápido si no se ha hecho esto previamente.
Sí, incluso de forma inconsciente, digamos.
Claro, porque cada persona puede tener una idea preconcebida y lo ideal es ponerlo por escrito. Una vez que empiezas a ponerlo por escrito, también empiezas a tomar decisiones en cuanto a qué tipografía querrías utilizar, qué tamaños —sobre todo si lo haces al tamaño en el que quieres trabajar—, qué puntos y sobre todo el diseño, porque ya el hecho de que lo vayas colocando en un sitio o en otro significa que más o menos vas por ahí.
Luego la cosa puede cambiar y la mayoría de las veces lo hará, porque depende de las tipografías que tengo, pero el hecho de que la persona ya lo traiga impreso me sirve de guía. Directamente digo: “Vale, pues de este estilo tengo estas cosas”. Y eso facilita un poco el proceso. Lo mismo pasa con los tamaños: yo sé los tamaños que tengo en cuanto a plomo y madera, así que puedo ir sugiriendo una cosa u otra. Y luego el diseño puede cambiar dependiendo de si la persona está o no familiarizada con cosas de diseño.
Y bueno, yo, si puedo y se dejan, intento ayudar también por ese lado.

¿Y tú tienes un estilo propio entonces o te adaptas a los clientes?
Yo por lo general me adapto dependiendo del contenido y de lo que se vaya a hacer, pero al final casi todo está marcado por las tipografías que se vayan a utilizar.
Tú ahí también marcas tu estilo al elegir lo que tienes a disposición de los clientes, ¿no?
Sí, puede ser. Estoy pensando en un comentario que alguna vez me han hecho: que se nota que está diseñado, se nota que no es solamente el hecho de juntar unas letras y hacer un póster y que tenga pinta así, guay, sino que tiene cierto orden y jerarquía.
Bueno, ahora háblanos un poco de las máquinas y de los tipos, porque tienes un montón. El taller es un sitio precioso. ¿De dónde has sacado todo esto?
Yo esto alguna vez lo he llamado arqueología tipográfica, porque ha sido cuestión de buscar, rebuscar e intentar encontrar el material. Sobre todo aquí en España, porque vine de Londres con parte del equipo. La prensa grande que es de la casa Stephenson Blake, que es una fundición inglesa que en su día era una gran empresa dedicada a fundir tipos, producir material y maquinaria. También me traje algunos chivaletes con algunas tipografías inglesas.
¿Qué son los chivaletes?
Los chivaletes son los muebles que contienen los cajones, que normalmente se llaman cajas, donde van las letras. Aquí detrás tengo un mueble inglés también de Stephenson Blake. Y sí que es cierto que la forma de los cajones, de las cajas, difiere de la parte europea a la parte inglesa.
¡Cómo no!
Sobre todo, porque en castellano y en otros idiomas europeos, hay tildes o algunos elementos que en Inglaterra no tienen. Por esa razón, sus cajas son un poquito más pequeñas. Luego, estando ya aquí en España, sí que echaba de menos más tipografías de plomo y de madera. Al final, es el material con el que uno juega.

¿Y encontraste material en España?
Tipografías de plomo conseguí encontrar. Yo iba buscando por aquí, por Madrid. Luego, como mi mujer es de Galicia, por allí también iba buscando imprentas. Y sí que he ido encontrando así cositas. De vez en cuando he comprado algunos cajones directamente o he comprado chivaletes enteros. Hasta que, en Pamplona, de repente, encontré una imprenta que tenía un montón de material y que lo vendía. Tenían muchas tipografías y además en muy buen estado. Dio la casualidad de que casi todas las tipografías que tenían eran de la misma fundición. Además, española, que era José Iranzo. Fundición tipográfica José Iranzo.
Y luego las prensas, claro, yo venía con una de Londres, pero necesitaba más. Sobre todo, para los talleres. En España no fui capaz de encontrar nada. Conocí a gente que había conseguido algunas máquinas aquí, pero la mayoría habían ido a la chatarra. Entonces, empecé a buscar fuera, que es algo que controlo más; y me traje una de Alemania y otra de Polonia, que son de origen suizo, pero cada una estaba en un sitio.

Y de todas tus obras o encargos, ¿de cuál te sientes más orgulloso?
La verdad es que me siento orgulloso prácticamente de todos.
Sí, no puedes elegir, ¿no?
Es difícil, pero… Por ejemplo, el libro de artista para Diego Delas fue… Duro, por así decirlo.
Fue mucho trabajo, mucho trabajo de composición. Tuve que pedir ayuda a la hora de componer parte de los textos. Fue un proyecto de algunas noches largas, pero es un proyecto del que estoy muy orgulloso.
También de algunos de los posters que he hecho para las exposiciones, porque he trabajado en colaboración con los artistas. Otro ejemplo es la portada para el número 3 de Motorcycle Family Circus, que es una revista de fotografía de Alberto García-Alix.

Volviendo a los libros, hay autores de literatura infantil que desarrollan también su carrera en el diseño gráfico, como Leo Lionni, Bruno Munari… ¿Nos regalas algún otro nombre para la lista?
Enzo Mari tiene que estar en esa lista. Tiene un libro que se llama L’altalena (El balancín). Quiero pensar que la primera edición se imprimió de esta manera.
Por otro lado, hay títulos que son como la Biblia de la profesión: Alan Kitching – A life in letterpress, True Print, de Dafi Kühne, Introduction to Printing, de Herbert Simon, The Visual History of Type, de Paul McNeil o Revival type : digital typefaces inspired by the past, de Paul Shaw.

¿Qué le recomendarías o qué consejo le darías a un joven que esté interesado en este mundillo? ¿Por dónde tiene que empezar? Aquí se organizan talleres…
Lo ideal sería, lo primero, una visita con los padres a mi taller. Simplemente para que tengan un primer contacto o acercamiento al taller. Que lo conozcan, que vean qué tipo de trabajos o qué tipo de cosas pueden salir de aquí. Pueden aprovechar alguna de las exposiciones que se van haciendo. Y luego sí que es cierto que organizo talleres. Se han hecho algunos talleres infantiles, pero me gustaría encontrar la manera de hacer más. Hay un componente complicado que es el de las tintas. O sea, no es que sean tintas…
Tóxicas.
Tóxicas o agresivas. Bueno, obviamente no son… Comestibles. Pero sí que es cierto que son tintas de offset, con base de aceite y manchan. Existen tintas acrílicas con una base acrilica que también funcionan… Es algo en lo que sí que me gustaría indagar un poquito más para poder ofrecer también ese tipo de talleres.
Sí que hago a veces demostraciones del proceso, que es una manera de probar sin necesidad de mancharse del todo, pero que te permite sacar una prueba o incluso entintar.
Y a nivel más profesional, ya has dicho que se podía estudiar en Valencia y Barcelona.
Bueno, más que estudiar, la universidad tiene taller, tiene maquinaria. En Valencia, el taller forma parte de la Universidad Politécnica de Valencia, de Bellas Artes, que es lo que está más conectado y sus estudiantes pueden acceder a ese taller. Digamos que como oficio ha desaparecido. Es más una cuestión de… los enamorados de la tipografía, de gente que se ha acercado a ella, le ha apasionado y la está manteniendo, en general, fuera de las instituciones. Pero sí, como oficio… dónde aprenderlo es complicado.

¿Y qué valor tiene todavía este oficio en un mundo tan digital?
Pues yo creo que es algo que se ha querido un poco olvidar. En diseño y en las artes, se menciona y se pasa muy por encima, pero es la base de todo lo que hoy en día podemos utilizar en cualquier programa de edición de texto. Incluso la terminología viene de la imprenta. Por ejemplo, está el sistema de puntos, que es lo que se utiliza para medir las tipografías, con cíceros y puntos —doce puntos equivalen a un cícero. El cícero lo tenemos un poco más olvidado, pero los puntos los utilizamos. Cuando elegimos una tipografía, eliges un tamaño que siempre viene dado en puntos. A veces las usamos a diez, doce, veinticuatro puntos etc.
Y cuando dices calibri del doce, esos son los puntos.
Claro, ese es el tamaño y esos tamaños vienen dados precisamente por este sistema. Salen directamente de la imprenta. Es algo que parece que se ha querido olvidar.
Pensamos que es cosa de los ordenadores y no.
Exacto, y poner en valor este proceso es parte de mi lucha, porque de alguna manera ha sentado las bases no solamente de los programas, sino luego también del diseño.
El hecho de utilizar retículas, de alinear las cosas a izquierda, derecha, centrar… Son cosas que también vienen de la imprenta. Y a la hora de ordenar información, compones en un componedor que tiene que estar ajustado a un determinado ancho, y ese ancho va determinado por la línea más larga de la composición que estés haciendo. Eso te permite ir creando columnas, por así decirlo. Creo que esto tiene bastante importancia y que cualquier persona que esté interesada en el diseño, en las artes en general, debería pasar por aquí.
Recomienda a nuestros lectores un libro que te parezca especialmente atractivo por la tipografía, claro.
Un libro repleto de letras del tipógrafo Jesús Morentín, Bunkertype. Y también os recomiendo visitar su cuenta de Instagram.


Christian Granados es un artista licenciado con honores en diseño tipográfico por el London College of Communication – University of the Arts London (LCC-UAL), en el que ejerció labores docentes durante seis años como técnico especializado en letterpress. Durante su estancia en Londres colaboró estrechamente con figuras veteranas e influyentes en el ámbito de la imprenta artística como Alan Kitching o Kelvyn Smith. Actualmente imparte cursos y talleres en escuelas de diseño y universidades de la Comunidad de Madrid. Con GRAGRA, su propio espacio de experimentación y divulgación tipográfica inaugurado en octubre de 2023 en Madrid, ha abierto una nueva etapa en su carrera.
