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Oficios del libro – Traducción (II)

Oficios del libro - Traducción - Telar de Libros

En nuestra segunda entrada de la sección Oficios del libro seguimos explorando el mundo de la traducción de literatura infantil y juvenil.

Esta semana Isabel Llasat Botija habla con Beatriz García Alcalde y nos desvela algunas claves de su trabajo como traductora de libros infantiles. Si te perdiste la primera entrega de la serie la puedes encontrar aquí.

Entrevista a Isabel Llasat Botija

¿Cómo trabaja un traductor literario?

Supongo que cada cual tiene su método, pero en mi caso, como traduzco libros infantiles y suelen ser breves, los leo antes. O preparo esquemas si se trata de un libro de finales múltiples, de estilo «elige tu propia aventura». Una vez leído o preparado el texto lo traduzco, dejándolo bastante resuelto todo para que en la revisión pueda concentrarme en la sonoridad. Después lo vuelvo a leer dos o tres veces en las distintas fases editoriales de corrección y galeradas. Es un trabajo en equipo, pero me gusta seguirlo hasta el final.

¿Cuánto se tarda de media en traducir un libro infantil?

Para traducir un libro infantil de unas doscientas páginas se puede tardar entre un mes y un mes y medio, que es mi caso, porque trabajo despacio. El problema es que lo que se cobra no cubre el salario mínimo de un mes y hay que combinarlo con otro tipo de traducción mejor pagada, o traducir más deprisa.

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Isabel Llasat con alguno de los libros que ha traducido – fotografía: Isabel Llasat
¿Qué diferencia la literatura infantil de otros proyectos? ¿Cuáles son las principales dificultades?

Si hablamos de álbum ilustrado, lo compararía a la traducción de poesía, tanto si hay rima como si no, porque el peso del lenguaje en el álbum ha de ser el justo que le haya dado la autora o autor. Aquí no hay espacio ni físico ni sonoro para adaptaciones o «juegos de manos» que resuelvan traducciones difíciles.

En el nivel de los primeros lectores, la ilustración sigue teniendo un papel fundamental y determina mucho la traducción, que tiene que ajustarse al espacio físico disponible y a lo que está dibujado. Esto complica mucho las cosas cuando hay juegos de palabras.

Los juegos de palabras son precisamente uno de los elementos que más se repite en el siguiente nivel, cuando, siendo aún libros infantiles, las ilustraciones se quedan en la cubierta o, como mucho, en páginas aparte. En esta etapa se recurre mucho al humor y, si es lingüístico, te obliga a buscar adaptaciones en la traducción, siempre con la prudencia necesaria para no convertirlas en adaptaciones culturales.

A veces es más sencillo traducir un concepto con una palabra culta. ¿Eres partidaria de facilitar la lectura usando términos sencillos o crees que los difíciles son un camino para aprender la lengua?

Como traductora creo que debo limitarme a respetar la intención de los autores. He traducido libros con vocabulario muy reducido y otros que, por el contrario, recurren a palabras literarias con la clara intención de iniciar a los lectores en ese camino de aprendizaje que señalas. Pero procuro siempre mantener el mismo registro. No introduciría una palabra culta si sé que no lo haría el autor o autora y, por lo mismo, tampoco simplificaría.

¿Existe algún tipo de censura? ¿Te impone la editorial algunas pautas?

Afortunadamente, mis traducciones pasan luego por una corrección. Y eso es bueno, primero, porque es una señal de calidad editorial y, segundo, porque aprendo mucho de mis errores. No es casual que me marquen precisamente aquella frase en la que me quedé encallada. Conectando con la pregunta anterior, donde sí que discuto con los correctores es cuando intentan simplificar el vocabulario. Eso lo defiendo con uñas y dientes.

En cuanto a censura, siempre cuento el mismo caso porque fue divertido. Además, ahora que ya han pasado los años, no lo veo tan descabellado. En un libro americano, el niño protagonista era del Barça y su amigo oponente de juegos, del Madrid. La editorial no quiso líos y me hizo utilizar nombres de otros equipos de fútbol europeos que no despertaran tanta pasión entre los pequeños lectores castellanohablantes.

¿Qué proyecto te ha resultado más interesante desde el punto de vista traductor? ¿Por qué?

Suena a tópico pero es cierto: he sido especialmente afortunada con los libros que me encargan y todos son bastante divertidos de traducir. Pero hay dos libros franceses, La panadería de la calle de los domingos y El gato que hablaba sin querer, que supusieron grandes retos de traducción porque lo tenían todo: juegos de palabras, rimas, canciones, ilustraciones… ¡en menos de ochenta páginas cada uno!

¿Has traducido algún best-seller? ¿Cómo te afecta a la hora de trabajar en un proyecto que una obra sea más o menos vendida?

Sí, los Diarios de Nikki. Traduje ocho libros de la serie, interrumpida durante la pandemia. Afecta tanto que, si no fuera por Nikki, posiblemente no habría podido traducir todos los demás libros infantiles. Las regalías me compensaron la reducción de ingresos que supuso dejar de hacer traducciones técnicas para centrarme casi en exclusiva en la traducción de libros infantiles. Por tanto, sí, afecta mucho que la obra se venda bien. Siempre y cuando hayas firmado antes un contrato decente, claro está. En cuanto al tiempo disponible, suele ser el caso contrario: cuanto más se vende un libro, con más prisas llegará el original.

Y si existe versión cinematográfica, ¿cómo es tu relación con la obra y con el traductor audiovisual?

Por ahora solo se ha llevado al cine una de las series de libros que he traducido, y con una sola película (de nuevo la pandemia). Es DeSastre & Total, Agencia de detectives n.º 1, de Disney+. Ninguna de las traductoras (doblaje y subtitulado) se puso en contacto conmigo, pero, por lo que vi, una sí que había leído los libros y utilizó mis soluciones de traducción mientras pudo, porque había cosas que no pasaban bien del papel a la pantalla.

Recomienda a los jóvenes lectores un proyecto que hayas traducido tú.

Pues precisamente esta serie, DeSastre & Total. Son siete libros con mucho humor (más que la película) y mucha ternura. A partir de 8 años y hasta el infinito (yo me reía mucho). En literatura infantil, tenemos la suerte de que los libros no se destruyen tanto. Aunque llevan algunos años publicados, siguen siendo fáciles de encontrar.

Recomienda a los jóvenes lectores un libro que haya traducido otro compañero.

Por la misma razón —mantenerlos con vida—, todos los libros de David Walliams traducidos por Rita da Costa, que lo hace de maravilla y también te hace reír mucho con sus soluciones.

¿Crees que se ha quedado algo en el tintero?

Todo. Yo nunca acabaría de hablar de mi trabajo. 😉


Isabel Llasat Botija es licenciada en traducción por la FTI de la Universitat Autònoma de Barcelona. Vive de la traducción desde hace más de treinta años, la mitad de ellos principalmente dedicados a la traducción de libros infantiles para editoriales como RBA Molino, Penguin Random House, Milenio Publicaciones, Ediciones Invisibles o BiraBiro. Además de álbumes ilustrados, cómics y novelas sueltas, ha traducido las series Diario de Nikki (a partir del libro 6), DeSastre & Total, Los gemelos Tapper, Resuelve el Misterio y varios títulos de la colección «Elige tu propia aventura». La podéis encontrar en twitter (@illasat) y en instagram (i_llasat).

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