Para tejer es necesario un hilo. También una tejedora. Un hilo que puede estar hecho de hebras o, como en el caso de Voy a contaros la nieve, de palabras. Una tejedora experta en ambos tipos de hilos o, como en el caso de Beatriz Giménez de Ory, una tejedora de tapices que nos transportan entre tradiciones literarias. Tapices que, allá por donde los admiremos, nos ofrecen cabos de los que tirar y con los que enriquecer ese patrimonio, común y único a la vez, que es nuestro intertexto lector, el tejido de referencias de cada lector, de cada lectora.
Se teje, y mucho, en Voy a contaros la nieve. Con ovillos de lana de mil colores se tejen bufandas de verstas de largo que serán salvación y rescate, puentes de salida y caminos de retorno. Con cabellos dorados se tejen mantos que codiciarán las ondinas. Con hilos invisibles las barreras mágicas que protegen del Jinete sin Alma. Y con palabras… Con palabras, y con silencios, se tejen la historia de Barinia, los cuentos que Vasilisa narra a las siete Matrioskas, las canciones de Katerina, el hermoso libro blanco del Poeta.

Y, sobre todo, se teje un canto de amor a tantas otras historias, a tantos otros motivos fundacionales y fundamentales de todas las historias. Siete hijas y siete presentes. Tres muchachas necias que a tres cocinan, a tres cosen, y a tres cantan, para su desdicha. Una tejedora que espera pero no desteje. Cuentos que se encadenan, noche tras noche. Animales mágicos. Un hombre que asesina a todas sus esposas.

Y aún sobre todo esto, en otra capa más del tapiz, se teje la tradición eslava. La de las niñas valientes que saben dar buen uso a los regalos de sus madres ausentes. La de las doncellas de nieve que no siempre sufren la misma terrible suerte que Snegurochka, también conocida como Nievecita. La de Poetas que podrían ser Maestros y Katerinas que podrían ser Margaritas. La de los jinetes sin nombre que cabalgan al anochecer por los bosques de abedules. La que, en definitiva, en un día de invierno, recogiendo un hilo tendido hace varios veranos en otros bosques, nos ha llevado de los tesoros rescatados de la biblioteca familiar a otro tesoro como este Voy a contaros la nieve que ocupa ya su lugar entre ellos.
